domingo, 10 de diciembre de 2017

Los cambios que se necesitan: llamar a las cosas por su nombre

EL DESAFÍO
Los cambios que se necesitan: llamar a las cosas por su nombre

“A El le gustaba llamar a las cosas por su nombre”, cuenta el Apóstol Juan al hablar de su Maestro. “El principio de la Sabiduría es llamar a las cosas por su nombre”, decía el Maestro Confucio.


En los inicios de un nuevo período de gestión de gobiernos democráticos en Corrientes, y cuando la palabra Cambio es el talismán con el que se manipula el lenguaje político, es preciso llamar a las cosas por su nombre, como aquella respuesta de Confucio que respondía a un novel príncipe de cómo debía hacer para erradicar la corrupción de su país. La respuesta fue esa. Llamar a las cosas por su nombre. Nada más.
Llamar a las cosas por su nombre se hace imprescindible.  A la desidia, desidia, al latrocinio robo, a la pereza pereza, al orgullo vanidad, y así, en infinidad de hechos, sin medias tintas ni tapujos.
Pero también es hora de comenzar a cultivar la imagen de humildad que ninguno ha tenido en la campaña. Sólo quienes ejercen el Poder desde valores humanos, profundamente humanos, por sobre los sentidos economicistas en boga, pueden construir creativamente una sociedad más humana desde las estructuras del Estado. Si no hay sensibilidad en los gobernantes, si no se destierra la euforia de haber ganado, sin haber demostrado que se gana conquistando felicidades, no hay sueños posibles que se cumplan.
“Miren a los pobres” es el mandato papal de Francisco para la Argentina. De nada serviría modernizar una ciudad, si no cambiamos para bien la vida individual de cada correntino en los barrios periféricos, adonde pulula la pobreza.
Deben saber que hay hambre, que hay miseria, que hay carencias humanas sumamente necesarias cubrirlas en forma urgente y sin clientelismos. Es necesario transformar culturalmente a una sociedad acostumbrada a transgredir las reglas, porque nadie las controla o ejerce desde quienes lo deben hacer.
Pequeñas y grandes acciones necesitan ser contadas con su nombre. Desde el motociclista que transgrede un semáforo en rojo, hasta el que se cuela en una fila del colectivo, son pequeñas acciones permitidas y no controladas por quien debe hacerlo.
Desde arriba hacia abajo, y desde abajo hacia arriba, sin barnices superficiales que dan los relatos mediáticos, sino absorbiendo las críticas para capitalizarlas mejorando la realidad. Mucho ya hemos asistido al marketing que busca mostrarnos una realidad aumentada que no existe. La única realidad es la que surge de la visión cotidiana del hombre de calle, aquel que la vive y la sufre a una sociedad con menos valores.
Soñar las grandes obras se torna necesario, sin dudas, pero nada serviría si no se mejora en lo sustancial. Y lo sustancial está en las cosas que tienen su propio nombre.
Pobreza, Miseria, Marginalidad, Muerte. Palabras reales, cotidianas, vigentes, abrumadoras, sin necesidad de eufemismos. Es eso lo que hay que transformar.
Se habla de una transformación cultural. Pues allí está la cultura que hay que corregir y mejorar.
No habrá cambio posible sino se cambia por dentro, lo repite al cansancio nuestra enseñanza de la cultura cristiana que nos identifica. Evidentemente, no ha habido tal cambio porque los resultados están a la vista: no se ha cambiado.
Será entonces el desafío del momento. Si se quiere Cambiar, iniciemos ese cambio por donde corresponde: por las palabras. Aquellas que cuentan la realidad por su nombre y sin apodos.
Los eufemismos, o la manera de no llamar a las cosas por su nombre, son un fenómeno lingüístico de plena actualidad porque las palabras son un arma cargada de significado.
El peor error que como comunicadores podamos ejercer, será el llenar la realidad de eufemismos. El Cambio tan pregonado, si se quiere que sea verdadero, deberá combatirlo sin miramientos, si no caeremos en aquel viejo cuento de que todo cambie para que nada cambie.

Corrientes, 10 de Diciembre de 2017


jueves, 16 de marzo de 2017

UNA CAMPAÑA SIN PROPUESTAS
Corrientes, cuando una sospecha vale más que mil certezas

“Vale más ser engañado completamente que albergar la menor sospecha”- William Shakespeare. 

Las frases acuñadas de las experiencias de la Humanidad, se ajustan perfectamente a esta porción de la historia de la política correntina. El barro iniciado con un libelo, culminó de enlodar más  a todos. La sensación que quedó en la gente es que “todos son lo mismo”.
Según los informes oficiales, - a los que hay que creer aunque no muchas veces los modos de transmitir son los que más los acreditan -, los operativos antinarcotráficos realizados en Corrientes sólo son una parte de un gigantesco entramado que ha superado a los  mismos estados del mundo.
El tráfico de estupefacientes en América no es nuevo. Más aún, no es un fenómeno en retirada. Año a año las estadísticas dicen que el consumo de estupefacientes va creciendo en todos los países.
No por haber hecho un megaoperativo antinarcóticos se ha apagado el incendio. Es sólo una gota de agua en una explosión volcánica. Y de eso hay que ser consciente.
Por eso, más allá de la espectacularidad mediática, lo que aparece no es lo importante, sino lo que no se dice, o se esconde.
No es solo una banda, es una red, dijeron. Y algo de razón tienen. La red penetra todos los estamentos, se mezcla en la sociedad, y toca a todos por igual.
Por eso es que la intuición popular ya ha sentenciado: “todos son lo mismo”. Y aunque nada tengan que ver, el sayo cae por definición primero sobre el poder, luego de develar algunos rostros de la narcopolítica.
Combatir el narcotráfico es como combatir contra la misma sociedad, entendida como conjunto social, sin calificaciones.
Los centros de producción diseminan los estupefacientes en un mercado cada vez más demandante. Las grandes urbes hasta los pequeños pueblos son ese amplio mercado. Miles y miles de consumidores, precisan de miles de hectáreas y toneladas de producción. Y en el medio, una red de distribución y comercialización.
El precio de una de las drogas con mayor demanda, la marihuana, en el Paraguay es por lo demás atractivo para cualquier necesitado de solventar sus necesidades económicas:  100 pesos el kilo en la frontera. Con algunos pesos de inversión inicial, muchos entran en el juego.
Lo que pasa es que en la frontera argentina en el mercado local, ese precio se triplica o quintuplica en los kioscos de la zona. En los conurbanos de Buenos Aires , Rosario, Córdoba o Mendoza hasta 15 veces más, y en el Sur patagónico, se llega a pagar hasta 5 mil pesos por kilo.  Una ganancia de 500 % atrae a cualquiera que tenga avaricia y decisión necesaria para emprender el “negocio”. En Chile ya se habla de tres veces más de esos 500%.
Cuando el volumen de lo transportado aumenta, la ganancia es logarítmica. No hace falta ver que no hay Estado que pueda parar el “derrame” de droga en la población, cada vez más adicta a soluciones rápidas para superar sus ansiedades, en una sociedad cada vez más necesitada de trascendencia.
Un negocio que no termina aquí, sino que es global.
Por eso es que lo global lleva a la generalización: “todos son lo mismo”.
Y es lo que no se tuvo en cuenta al patear el avispero con tanta fuerza esta semana. Salen las avispas y pican a todos. Nadie se salvó. Desde el gobernador y algún candidato opositor para abajo, quedaron todos en el mismo plano.
No es de extrañarse entonces, que tras esto, se aplique aquel apotegma “Un sola sospecha vale más que mil certidumbres”.
Y la mayor sospecha se las llevan quienes más han quedado en lo alto de la consideración pública. Las figuras mayores, sospechadas  o no, recibieron el sayo y los peores picazos.
La sospecha, aunque se la quiera borrar con miles de dichos y certidumbres, flotará en toda la campaña por venir, y será el eje de una agenda impensada.
Sin dudas la campaña electoral no será de propuestas.
Será una campaña de sospechas.
Y lo peor, sin certidumbres.

viernes, 30 de diciembre de 2016

2016 nos deja un periodismo de la pauta madre… que los parió


El año que pasó dejó su estela de estancamiento. Los cambios previstos en semestres culminaron en una profundización de una crisis que, si se repite en el próximo, ya no tiene culpables ajenos a quienes endilgar.
En tal caso, quedaría, como el perro que se muerde la cola, culpar a la prensa que se endulzó los oídos con juicios y presuntos delitos de corrupción, y digo presuntos, porque hasta que no haya una condena firme dictada por un juez natural, no son otra cosa.
Una prensa que todo este tiempo puso más énfasis en los tribunales, más que en la pobreza creciente, la que a su vez genera todos los otros males de la inseguridad, el narcotráfico, las muertes y una sensación en la sociedad de que se está huérfano de alguien que vele por las familias de buena voluntad.
A cada año que pasó pusimos el énfasis en el rol predictivo que encabezaban los medios de comunicación. Hoy, ese rol está en discusión, y los hombres de prensa, estamos en el banquillo.
 La gente sabe de antemano a qué huele el mensaje que transmite tal o cual periodista. Sabe su enrolamiento político, y son predecibles sus discursos. Y cuando estos son puestos de agoreros o voceros de interpretaciones de intereses políticos o económicos, las redes sociales integradas por militantes del “periodistas somos todos”, terminan destrozándolos en miles de twitts, hashtag y tendencias.
El poder multimedial queda rendido en estos días en miles de redes tejidas en internet, y supone para el periodista tradicional un desafío que no tenía antes. Saber qué es o no noticia.
Puestos en este desafío, queda el camino fácil del discurso ya hecho por usinas de comunicación, que tratan de crear espacios y realidades virtuales, lejanas de la realidad cruda de la inseguridad urbana, de la desazón de los productores de economías regionales y de los despidos encubiertos de una economía en crisis.
La batalla hoy se da allí. En las redes. Miles de perfiles falsos, decenas de miles de cuentas anónimas y apócrifas, tendencias generadas por oficinas destinadas a generar trolls tratando de dividir cada vez más la opinión de los usuarios, desnudan a los periodistas de pautas publicitarias de lo único que contaron como recurso de trabajo: con la necesidad de develar la verdad, o con la pauta en la mano.
Ya no son los gurúes que pontificaron todo el año con semestres de despegue, sino los consumidores reales quienes pondrán el límite. El criterio para diferenciar estará dado no por esos gurúes, sino por el ejercicio de la “mano propia”  en todos los ámbitos.
De los gobiernos se espera poco y mucho a la vez. El hándicap en baja de la política habilita  a la plebe a tomar poder.
La pauta publicitaria del Estado será quizás por un tiempo más, el modus de supervivencia de algunos, pero ya no el leit motiv que indujo a la pauta: el alineamiento ideológico o de lealtades.
Cada mensaje de las usinas estatales, pasa hoy por el cedazo de las redes.
Quedó demostrado en el último episodio en Goya, adonde mensajes de wathsapp, videos y comentarios en las redes, generaron tal pandemónium, en el que se enlodó el mismo gobierno correntino, que no pudo contra un muy buen manejo de los mensajes de parte de los  santafesinos, que supieron a su vez, entrar a los medios nacionales, destrozando cualquier buena intención correntina. De nada valió la prensa adicta para revertir la tendencia negativa que rodó por el ciberespacio. Es más, quedó develado quienes estaban parados en uno y en otro andarivel.
Será entonces un año distinto. A lo electoral habrá que agregarle el buen manejo de las redes como estrategias de penetración de mensajes. Quien gane la batalla en ellas, tendrá avanzado buena parte del camino a las urnas.
Ya no será la pauta publicitaria estatal la única que mande en los mensajes. No serán los periodistas de un hipotético mapa mediático político, quienes decidan la inclinación de los votantes. Serán las redes.
¿Y las pautas?. Y sí, seguirán generándose. Pero muchos las tendrán como recurso de vida, y algunos quizás, terminarán recordando a la madre de quien parió esas pautas.

Fredy Miranda
Periodista







sábado, 17 de diciembre de 2016

A 16 años, un día para olvidar

Un 17 de diciembre de 1999 Corrientes vivió un día sangriento con un saldo de dos muertos y varios heridos, luego de una represión violenta por parte de la Gendarmería, enviada por el Ministro del Interior Federico Storani a pedido del nuevo Interventor Federal Ramon Mestre. Iniciaba el gobierno de Fernando de La Rúa. Fue un anticipo de lo que ocurriría dos años después en el país.
El gobierno de la Coalición encabezado por Rubén Perié había recibido un ATN para el pago de sueldos y aguinaldos que nunca efectivizó. Los sectores mas duros decidieron cortar nuevamente el Puente Gral. Belgrano. 
Los partidos políticos, salvo Perié y el radicalismo que querían la Intervención, buscaron una salida "a la correntina" colocando a Carlos Tomasella del PL en la Gobernación. 
Lo demás es historia conocida.
La gente lo olvidó porque mientras en el Puente había una batalla campal, la sociedad seguía sus preparativos para la Navidad como si nada pasara en la Peatonal Junín. 
Eso sí. Un clima de tristeza por un provincia que se perdía en sus días mas oscuros hacía llorar al país.
Un día para olvidar.








lunes, 24 de octubre de 2016

Goya: La pobreza como factor de desarrollo (2002)

(Este artículo fue publicado en Noviembre de 2002. Fue un pantallazo de mi vivencia en Goya durante casi dos años. Valore el lector si algo ha variado). 





Goya es una ciudad que se ha caracterizado históricamente por brindarse a la Provincia como un pueblo autosuficiente, distante de las vicisitudes del resto del territorio, y lo que es más, con propia personalidad cultural distinta de la Capital, su archi-rival urbano.

Pero esta imagen que generaciones de goyanos trataron de transmitir y de auto imponerse como una forma diferenciadora del resto, hoy, en un mundo globalizado, envuelto en una crisis sin precedentes en todos los ámbitos: internacional, nacional, provincial y local, hace resaltar con mas fuerza de que Goya es una ciudad mas de tantas otras que, sumergidas en la pobreza de su población, solo tiene para ofrecer alguna que otra ventaja comparativa, frente a sus pujantes vecinas, tales como la otrora pequeña Santa Lucia, la turística Esquina o la industrial Bella Vista.

Con alguna que otra empresa industrial mas allá de la emblemática y cincuentenaria Massalin, su población aparece hoy sumida en un alto porcentaje de desocupación, un alto índice de indigencia y NBI, casos alarmantes de desnutrición y mortalidad infantil, y una cada vez más creciente población analfabeta o con pocas posibilidades de tener acceso a los beneficios de la educación y la salud, ya no del trabajo que aparece como una quimera.

En ese nivel de proyección de la pobreza estructural de gran parte de su potencial humano económicamente activo, aparece un segmento social que dilapida los recursos, ostenta los bienes, se pavonea con los apellidos, y conserva privilegios que ya están en el olvido.

Esa actitud, que reitero, se da en todas partes, aparece como una forma de querer mantener una imagen diferente a la del resto de sus hermanas de la provincia, convirtiendo al Goyano en un ser que quiere ser distinto, pero no lo es en absoluto, salvo por querer conservar algo que ya no tiene: el garbo.

Se impone entonces una autocrítica que parte de una inserción de Goya al mundo y del mundo en Goya, la que se debe dar a través de los canales que hoy propone el mundo, y de las ofertas que la ciudad puede dar y con las cuales atraer capitales, visitantes y desarrollo.

Claro, que hoy por hoy, la pobreza como factor de estancamiento, hay que convertirla en  factor de desarrollo, y la única manera de lograrlo es insertar a los sectores mas desprotegidos en la participación activa en proyectos de desarrollo comunitario y aceptarlos como potenciadores de emprendimientos que atraigan a los de afuera.

Los sectores intermedios de pleno desarrollo en la comunidad, tienen un lugar de preponderancia, porque generan lideres, los ponen a la consideración  publica, los interrelacionan con sus pares y si están orientados con mentalidad expansionista, pueden atraer bondades hasta hoy negadas debido a un absurdo chauvinismo de que Goya no necesita de nadie para salir a flote, cuando en realidad nos estamos hundiendo con cualquier lluvia o inundación.

Hoy mas que nunca Goya es una ciudad que precisa de todo, empezando por una apertura de su mercado interno, cerrado a las fronteras de la provincia mas que por una protección de sí misma, que origino que sea una ciudad donde conseguir diversidad de productos sea un imposible, y pocos monopolicen los que deben entrar en la misma.

No se trata tanto de cerrarse para que no se entre, sino de abrirse para  salir con lo que se tiene. De esta manera, Goya debe venderse, y en vez de un absurdo “Compre Goyano”, hablemos de un “Vende Goyano”, a precios competitivos, y con una dinámica que permita sacar todo lo que se pueda producir a un mercado regional ávido de productos locales.

Solamente aquellos que salgan podrán visualizar que afuera hay un mundo, que es igual a este, y que no hay que temerle, porque la identidad de un pueblo no se fabrica  a través de un simple nombre o gentilicio, sino de una marca que se pueda vender, cuanto mas competitivamente, mejor.

FREDY MIRANDA
Periodista

Noviembre 2.002

domingo, 23 de octubre de 2016

El oficio del periodista



 Un debate que nos debemos los que ejercemos con pasión el oficio de periodistas, sigue siendo el mismo desde hace algunas décadas cuando comenzaron a florecer las carreras de Periodismo, de Comunicación Social u otras afines, con la finalidad de sistematizar el estudio y el ejercicio del mismo: la colegiación, como existe en otros países. Sin ánimo de polemizar, pero sí de expresar una realidad que nos duele, vemos cómo nuestro trabajo en vez de jerarquizarse con tales iniciativas, sólo ha logrado dividirnos entre quienes nos formamos en la calle, siguiendo una vocación que va más allá de lo meramente instrumental, y aquellos que lograron una capacitación universitaria y aquellos surgidos de esas carreras.
 Y digo capacitación, pues los títulos que se otorgan por las distintas facultades y centros de estudio de periodismo, sólo logran otorgar simples papeles que acreditan el paso por aulas magistrales, pero no transmiten lo esencial, ni lo harán, del “olfato”, el “fuste”, la “pasión” del periodista.
 Ni siquiera los títulos otorgados por el Instituto Superior de Educación Radiofónica (Iser) logran jerarquizar al periodista que quema sus pestañas en el estudio, pues tampoco ellos son habilitantes para el ejercicio de una profesión digna. Éste no se forma en las aulas, por más residencias, capacitación o posgrados que pueda adquirir, pues el “alma de periodista” es una vocación, un llamado, y a su vez una habilidad casi innata, pulida quizás en los salones de clase, pero no adquirida sólo con el conocimiento sistemático. Recientemente se criticó severamente la presencia de periodistas “de oficio” en aulas de la carrera de Comunicación Social participando de una charla alusiva al Día del Periodista. Afirmo, ya no como tal, sino como simple observador de la realidad, que esa presencia fue la mas feliz que pudo darse para los estudiantes que siguieron sus experiencias expresadas en la exposición y el debate. Nada más enriquecedor para quienes creen tener esa vocación, que palpar desde la experiencia contada, la realidad del periodismo correntino, más allá de todo idealismo, o ideologismo. Lo dice alguien que no sólo se formó en la calle, sino que también pasó por esas aulas. Y en ese paso me di cuenta que muchos de sus docentes impartían enseñanzas de algo que nunca experimentaron, y menos aún, sabían cómo transmitir la realidad de los medios. Poseían quizás los instrumentos de estudio, pero casi nunca lo aplicaron, y cuando llevaban a sus alumnos a hacerlo, chocaban con la realidad. Rescato también a buenos profesores surgidos de las redacciones de los diarios, como los profesores Lubary o Almirón (nunca estudiaron para ser docentes, y menos aún para periodistas), y lamentaba en ese entonces ya, la discriminación que se daba para aquellos periodistas de radio que por no tener títulos habilitantes de docentes, no podían transmitir lo que sabían, lo que tanto bien hubiera hecho a toda una generación de egresados. Lograr la fusión de universitarios y empíricos quizás suene utópico, pero unos no son mejores que los otros. Lo único que los une es que ambos ejercemos un oficio, (digo oficio y no profesión), y creo que estamos muy lejos de jerarquizarla hasta tanto no nos colegiemos reconociéndonos que nos une una misma pasión. Al que no la siente, por supuesto, que por más colegiado que esté, le alcanzará aquello de “Lo que Natura no da... Salamanca no presta”.
 Fredy Miranda
Junio de 2006

jueves, 20 de octubre de 2016

Andresito, como San Martín, es un héroe misionero, no un héroe correntino

Andrés Guacurarí, el Comandante General de las Misiones, ha sido construido desde la historia misionera como el héroe que combatió a la invasión luso brasileña y al poder centralista de Buenos Aires, forjado en el espíritu de las Misiones Jesuíticas.
Su efímera incursión a Corrientes fue dentro de una estrategia política del general Artigas para hacer frente a este último poder, que hacía su fuerte entre las clases acomodadas que servían a los intereses de la ciudad puerto del Rio de la Plata.


A Andresito hay que buscarlo en la historia, donde se halla, en su momento histórico y con categorías de su época.
Andresito es misionero porque nace en San Borja, territorio de la Provincia Hispánica de las Misiones, heredera de la Provincia Jesuítica de Misiones, actual territorio de Río Grande do Sul, Brasil. 
Históricamente, como su coetáneo San Martín, es misionero por origen, y parodiando a lo que los correntinos tratan de hacer con la figura del Padre de la Patria, del que dicen que es correntino, Andresito sería hoy brasilero. Algo que seguro muchos rechazarían, pero vale la justificación si de sacar de las categorías históricas a los personajes se trata.
Andresito no es un héroe correntino, porque nunca combatió a favor de Corrientes, ni tampoco lo hizo con tropas correntinas, sino con tropas guaraníes, como él, en defensa de los Pueblos Libres, y es cierto, fue un militar que ocupó por la fuerza una ciudad que sabía que no era misionera, sino contraria al interés general del federalismo, y aliada al poder porteño.
En ese sentido, Andresito es un héroe de las Misiones, porque se jugó por ellas y murió en el intento. En Corrientes solo fue un invasor por razones estratégicas. En su calidad de tal, nunca asumió el gobierno local sino que colocó un gobernador de una de las facciones en pugna, facciones que ya existían desde la presencia de los Jesuitas en la ciudad, y que la dividieron políticamente hasta hoy, en pro-jesuitas y anti jesuitas primero, comuneros y españoles, después, y patriotas y realistas mas tarde, subyacendo como indican algunos historiadores correntinos, como unitarios y federales, a celestes y colorados, liberales y autonomistas, conservadores y progresistas o populares, hoy. En ese contexto, Andresito apoyó a los sectores postergados e hizo pesar su poder sobre los patricios de la oligarquía local. Sobran las anécdotas en ese sentido.


Pero Andresito, nunca arremetió contra las costumbres de la correntinidad, al contrario, revalorizó sus fiestas, respetó la Legislatura, impuso un orden basado en las leyes que rigieron en las Misiones, y trató de ganarse la simpatía de varias familias locales. Trató de mostrarle la riqueza de la cultura heredada y la fusionó con la correntina, muy ligada a la herencia española y asunceña.
Pero en seis meses, nunca trató de cambiar o inculturizar lo que ya era propio, salvo las enseñanzas hechas a las familias patricias de cómo debian ver al indio, con acciones ejemplificadoras, como aquella aprehensión de los niños de las familias patricias, para demostrarles a las madres de cómo se sentia cuando tomaban de criados o esclavos a los hijos de las indias, práctica que continúa hoy, con las jóvenes del campo, traidas a la ciudad con la excusa de “ayudar a que estudien y trabajen en la casa”.
Esos seis meses no son suficientes para colocarlo en el centro de la historia correntina, sino que no deja de ser un capítulo más en sus más de 400 años de existencia de la ciudad y la comarca.
Pretender erigir a Andresito como figura central histórica es una aberración cultural a contramano de la misma historia.
Pretender colocarlo como el eje cultural, militar, ideológico y político de la historia de la correntinidad, es volver con Andresito invadiéndola, pero mal.
Cuando era presidente del Concejo Deliberante de Corrientes el señor Norberto Ast (UCR), quien supo ser tambien presidente del Centro de Estudiantes Misioneros en Corrientes “Andrés Guacurari” durante dos períodos, charlamos varias veces obre la posibilidad de traer la memoria del héroe misionero a Corrientes. Y él mantuvo su negativa, ya que sabía de lo hiriente que podría ser a la idiosincracia correntina imponer una figura que le sigue siendo extraña. Es más, hasta le propuse en mi entusiasmo misionero que se cumpla el monumento en la actual Costanera donde hoy se levanta finalmente la estructura. Finalmente, se consensuó que fuese en la Rotonda de la Virgen, en la Plaza del Mercosur, verdadero cruce de caminos y centro virtual de la región.
Vale un monumento, vaya que sí, vale revalorizar la Bandera que impuso en su momento, pero que después fue cambiada por una hecha por correntinos que mantiene la leyenda de Patria, Libertad, Constitución, cuando se federaliza Corrientes.
No vale en cambio, hacer de su figura el eje central ideológico con categorías actuales de algo y alguien que tuvo una visión muy lejos de lo que hoy se quiere imponer.
Como misionero, de sangre guaraní, respeto profundamente la idiosincracia y la historia propia de los correntinos, donde he visto y vivido sus contradicciones, pero que es una forma de ser al fin, muy distinta en muchos aspectos a la misionera. Solo quienes podemos observar con algún grado de objetividad, podemos atrevernos a juzgar esta imposición política de una figura como algo que no es.
Andresito no es solo el Monumento, Andresito es la figura que representa a las Misiones Jesuíticas. Es la Libertad del indio ante la afrenta del blanco conquistador, pero en la fusión de ambas culturas, con el cristianismo que transforma a las personas en seres buenos y con valores humanos, y es la fusión perfecta entre la Cosmovisión Guaranítica y la Fe Católica. Si no se lo conoce y no se lo ve en ese contexto universal, podremos hacer aberraciones como las que observo cuando tratan de hacer un revisionismo con categorías ideológicas de este tiempo.
Creo que los correntinos deben poner en un pedestal más alto que al de Andresito a su propios héroes, que son muchos y sobran. 
Andrés Guacurarí, el héroe misionero, está en esa pléyade de héroes regionales pero con pertenencia local, basada en Misiones. Darle una categoría por encima en la ciudad es sacarlo de su contexto histórico. 
Sí, Andresito se merece estar en ese cruce de caminos, con su altura correspondiente, para señalar el camino a la región. Pero por favor, no traten de imponerlo, Su figura allí, se impone sola, sin necesidad de oportunismos políticos efímeros.

Fredy Miranda
Periodista
Ex Secretario de Prensa del Centro de Estudiantes Misioneros en Corrientes "Andrés Guacurarí"